DEPRESIÓN Y ANSIEDAD, muchas veces viene sin avisar y  cuando llega,sólo con mucha ayuda se consigue salir, es por eso que muchas veces no somos conscientes de la importancia del camino que seguimos , de las decisiones que tomamos con otros, de la manera que tenemos para decirles que el ritmo en todo lo marcan ellos, que ellos son los que deciden que, cómo,  y hasta cuando les interesa hacer cualquier actividad, que la obligación sólo trae frustración, que la frustración sólo alimenta la duda, que la duda viene acompañada del  miedo, que el miedo nos provoca el rechazo, que el rechazo nos hace preferir la soledad , que la soledad crece y crece, y claro al crecer la  soledad nuestra autoestima al mismo tiempo disminuye y disminuye cuando debería ser enorme, pues la autoestima y el amor son o deberían ser dos cosas imprescindibles en la educación de todo niño
Mucha gente desconoce lo que significa el sabor amargo que conlleva la ansiedad, sólo quien la ha sufrido o ha tratado con ella, sabe el poder



Vivir con ansiedad y depresión es como llevar una carga invisible que afecta todos los aspectos de la vida diaria, sobre todo los invisibles. Aquellos que nadie se percata, que nadie logra comprender, que no saben el motivo de tus quejas. Desde mi perspectiva como psicólogo  , es importante entender que ambos trastornos, aunque diferentes, a menudo coexisten y se refuerzan mutuamente en un ciclo desafiante. En un ambiente difícil de manejar, de afrontar, en definitiva de lidiar con la desesperanza y abatimiento. 
La ansiedad se caracteriza por una preocupación constante y excesiva sobre eventos futuros, eventos que todavía no han ocurrido, que posiblemente no llegarán a ocurrir jamás, esta preocupación va acompañada de síntomas físicos como tensión muscular, sudoración, palpitaciones y dificultad para concentrarse. Para quienes la padecen, el mundo puede parecer un lugar lleno de potenciales amenazas, lo que genera un estado de alerta continua que resulta agotador, muy desgastante y desolador. La mente está atrapada en un ciclo de pensamientos anticipatorios que rara vez se manifiestan en la realidad, generando un estado de inquietud perpetua.
Por otro lado, la depresión se manifiesta como una profunda sensación de tristeza y desesperanza, se pierden las ganas de hacer cosas, la motivación, y uno poco a poco se va dejando, se va apagando. Las personas que la experimentan pueden sentirse atrapadas en la oscuridad, perdiendo interés en actividades que antes disfrutaban, y experimentando cambios en el apetito, el sueño y el nivel de energía. Esta falta de motivación y la dificultad para experimentar placer amplifican la sensación de que las cosas nunca mejorarán.

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