
DE PADRES A HIJAS. (El autismo “leve” no tiene nada de leve.
Recuerdo que cuando eras un bebé y te tenía en mis brazos todo me parecía tan difícil, me pasé tantas, tantas horas de pie balanceándote para intentar que te durmieras que cuando al fin lo lograba después de horas me sabía tan mal dejarte en tu cuna que prefería seguir de pie contigo en brazos y seguir balanceándote y hablándote por si luego una vez despierta no supiera que decirte.
Tuve la gran suerte de no perderme nada de tu infancia, todos los días teníamos nuestras rutinas, o mejor dicho tú aprendiste de las mías, hoy sé que como eras pequeña nunca pudiste quejarte y me pusiste las cosas tan fáciles que hoy desearía poder regresar a aquellos tiempos, disfrutarlos más, saborearlos más y sobre todo prepararme para los tiempos de ahora, tiempos en los que no logro darte lo que esperas y necesitas.
Tú has tenido la mala fortuna de tener un papá “diferente” enojón como tu siempre dices, has tenido que aprender a leer mi rostro mucho antes de lo que te tocaba, mucho antes incluso de comprobar como mi genio rompía todas tus ganas e ilusiones de iniciar un día nuevo, tuviste que, a base de malos momentos aprender a ser cuidadosa, ordenada, responsable y sobre todo a estar preparada por tu si tu papá te volvía a rechazar.
Yo en cambio he tenido la suerte de tenerte a ti como hija, una niña dulce, cariñosa, sensible, inteligente y sobre todo una niña que desde muy temprano ha aprendido lo importante que es el aceptar los tiempos de los demás. Has aprendido que mi soledad, aunque la convierta en muchos momentos también en tu soledad y tristeza siempre vienes a buscarme para darme un abrazo, para decirme: ¿papa como va tu trabajo? Papa los niños a los que ayudas estarán contentos.
Mi autismo “invisible” nos ha hecho que todos los días tengamos que aprender a pedir disculpas, que tengamos que olvidar muchos momentos para seguir adelante, para creer que, aunque las cosas no salgan bien tal vez podemos volver a intentarlas.
Ahora mientras duermes, trato de recordarme que mañana será un día nuevo, que mañana me esforzaré con todas mis fuerzas para no hacerte sentir mal, para no decepcionarte, para no escuchar de tu boca con ojos tristes: “hoy no ha sido un buen día”. Tantas cosas me he perdido en un mismo día que hoy no sé como regresar y decirte: ¿estoy aquí, jugamos?
El tiempo ha pasado demasiado deprisa para ti y para mi, no he tenido tiempo de aprender a disfrutarte como te mereces y quisiera, no he sabido vencer mis vulnerabilidades y aun así nos hemos entendido tan bien que esto me demuestra que toda discapacidad siempre necesitará de alguien para seguir adelante. Yo te he tenido a ti.

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