El ser humano y el apego en el autismo

El término apego significa vínculo. Dicho concepto se refiere a la tendencia de formar lazos afectivos con figuras significativas como las madres, que generalmente persisten a través del tiempo. Confirmando su importancia, las aportaciones de la psicología son relevantes para el estudio de las conductas como la etología, la psicoterapia y la dirección de empresas o equipos de trabajo. De igual modo, el tipo de hogar no resulta tan influyente desde el punto de vista de la seguridad del apego como el comportamiento del cuidador.

Se estableció la Teoría del Apego, fundamentada en la psicología evolutiva y de desarrollo del niño. Asimismo, el apego ha sido estudiado en anfibios, reptiles, pájaros, mamíferos, primates y humanos, respaldando la teoría del apego al considerar la evolución de la especie. Se ha demostrado que los infantes desarrollan apego hacia su cuidador principal, biológico o adoptivo, que les provea de bienestar, confort y/o alimento; de esta manera, los primates infantiles, inclusive los humanos, reaccionan con distintas intensidades de apego ante cualquier novedad que asegure al cuidador primario y, por consiguiente, la supervivencia, desde un peligro inminente, un placer o simplemente por hambre. En estos casos, la incapacidad o ausencia del cuidador primario presenta un riesgo biológico tal, en términos evolutivos, para los cachorros que la adaptación evolutiva fue instaurar este tipo de comportamiento universal.

Se han identificado infinidad de dificultades y preocupaciones en los estudios sobre el apego en personas con autismo. Si iniciamos el análisis con el apego confundido o tirante, encontramos que la literatura dualista del apego constata que hay una tipología taxativa respecto a cuatro subtipos, lo que deja a las personas con autismo en un lugar fuera de la teoría del apego. Con ello surge la primera preocupación y afrontamos la residencia en dicho dualismo con diversas estrategias tratando de encontrar un hueco para las personas con autismo.

Otra de las preocupaciones acerca de la clasificación del apego en personas con autismo es la de saber si estamos midiendo el apego, un concepto que no hemos contemplado hasta más avanzadas líneas, o el tipo de relación que establece una persona con su cuidador principal. De nuevo, se realiza revisión de investigación solamente, encontrando que se confunde el paradigma teórico con el estilo o patrón de relación. En tercer lugar, y directamente relacionado con el anterior, se encuentra el escaso reconocimiento que tienen los estados mentales teóricos tales como el apego en el autismo. Se señaló la dificultad para completar una prueba de mirada conjunta, detectando estados emocionales y necesidades de los otros, alcanzando así un nivel primario de reciprocidad, y señalando que el apego sería esta relación recíproca. Las evidencias dejan claro, en la actualidad, la carencia de hipótesis para el tratamiento de las representaciones mentales en autismo, sobre todo del apego.

El primer estudio que investigó sobre las relaciones de apego fue el estudio llevado a cabo en Utah en 1974, que comprobó que el 47% de los niños institucionalizados de entre 12 y 18 meses carecían de algún signo de relaciones de apego sano con una figura exógena considerada como tal por su conducta de cuidado. Investigaron la calidad de las relaciones de apego entre 45 niños con Síndrome de Asperger, 90 niños no Asperger con CAI y 42 niños con desarrollo normal, utilizando un cuestionario, identificando que tanto los niños con SA como los niños con CAI presentan relaciones inseguras. Esta información apoya la hipótesis de que los adolescentes con AS pueden evidenciar relaciones de apego caracterizadas por diversos grados de inseguridad; lo anterior podría ser una manera de comprender la calidad de la relación de apego identificada desde la infancia y valorarla como un factor terapéutico con fines de rehabilitación.

Partiendo de una perspectiva evolucionista, el apego puede considerarse como un prototipo biológico de la afiliación humana. Las teorías evolucionistas consideran que las relaciones de apego surgen como respuesta biológica al peligro. De acuerdo con la teoría, la relación de apego es crítica para la crianza del joven en las especies mamíferas, amén de que la ordenación del cuidado/mantenimiento ha sido estrictamente seleccionada a lo largo de la evolución. Adicionalmente, existen teorías que plantean que las personas con el síndrome de Asperger manifiestan un patrón desviado en el comportamiento de apego que se traduce en problemas para entablar relaciones de buena calidad; lo anterior a partir de estudios clínicos que destacan que las personas con el SA manifiestan desinterés o poca necesidad de mantener vínculos afectivos.

La importancia del trabajo con niños lleva a aplicar fundamentalmente la estrategia de “tornar a la rutina” aplicada a situaciones de separaciones transitorias, acudiendo al uso de la terapia de juego, terapia cognitivo-conductual e intervenciones terapéuticas conductuales aplicadas a este colectivo, juntamente con técnicas de acompañamiento, lo cual va en línea con el tratamiento que también enfatiza la enseñanza de la adaptación de rutinas y procedimientos que fomenten la independencia del menor, como la alimentación, el empate de los zapatos, la ida al baño y la participación activa en las actividades de la casa. Pero, del mismo modo, se resalta la necesidad de intervenir en estrategias que faciliten el sentimiento de apego, destacando la relevancia de enseñar a los tutores las pautas necesarias para generar seguridad y calma en el hogar, dentro de un clima emocional cálido, predecible y seguro.

El trabajo con adolescentes con autismo se basa en el alcance tanto de habilidades personales como sociales y el desarrollo de la autonomía adquirida durante la infancia. En primer lugar, se constata la gran importancia de aplicar intervenciones destinadas a mejorar las relaciones familiares, sentándose como estrategia fundamental la realización de programas individuales y grupales con otros adolescentes de iguales características en los que se fomente la socialización. A su vez, como ya se observa en el trabajo con niños, el trabajo con los tutores se vuelve crucial, desarrollando técnicas efectivas de comunicación unilateral que apoyen el sentimiento del apego, además del ofrecimiento al adolescente en situaciones de apoyo emocionales como la calidez, la empatía, la amabilidad y el sentimiento de que se le acepta tal y como es.

La familia juega un papel fundamental en la puesta en marcha y en el desarrollo del apego mediante múltiples y variadas interacciones con el niño. Aun con los problemas de interacción que caracterizan el autismo, los padres pueden identificar manifestaciones vinculadas al deseo de relación con ellos, principalmente manifestadas en actividades de juego tales como señalizaciones, imitaciones y buscar y sostener el contacto con el adulto. Si se trata de un niño con trastorno del espectro autista (TEA) con un cuadro de deterioro funcional grave, los padres serán la principal fuente de información y estímulo sensorial.

El niño con autismo empezará a vincularse y a formar parte de un vínculo emocional siempre que sus progenitores cumplan con la tarea de ser figuras de apego, es decir, aquellas personas que crean una relación emocional intensa con el niño, manifestando esta relación en su presencia y estando disponibles para ellos. La unión emocional que entronque con el cuidado y que sea recíproca de los progenitores hacia los niños permitirá comenzar un proceso de vinculación en el que el pequeño siente la confianza de explorar el entorno y desplegar su psiquismo. La forma personal por la que el bebé expresa el apego se fundamenta en los repertorios y estilos comunicativos más característicos y estables, lo que marca la forma singular en que el individuo persigue y navega en las relaciones emocionales.

La adolescencia para las personas con autismo se presenta muy marcada por la sintomatología propia del trastorno. La adolescencia en los autistas está considerada la etapa del desarrollo que dura desde los 12-13 años hasta aproximadamente los 18 años, y la transición a la edad adulta marca un período de cambio y adaptación. Es una etapa marcada por la exploración de la autonomía individual. En esta etapa del desarrollo se debería cada vez más incrementar la manifestación de un apego seguro, aunque en las personas con autismo vemos altos niveles de comportamiento de apego evitativo. El autismo puede considerarse un factor inherente a la falta de apego. Curiosamente, los niños con autismo reaccionan al ser separados de sus cuidadores de forma similar a los niños normales, aunque no dejan nunca que la persona a la que tienen apego se acerque o se comunique para aliviar el malestar.

Un apego seguro es aquel en el que la base segura puede ir de la mano de una variable adulta, como puede ser un cuidador para los niños, o de una base segura en la relación con los amigos para una adolescente, o de una base segura de la propia persona. La base segura, como paso fundamental del desarrollo del apego, proporciona una valiosa protección y solución de problemas a lo largo del ciclo vital. La base segura es especialmente importante en todas aquellas situaciones nuevas o de estrés. Muy interesante resaltar sería indagar el papel que juega el apego en la prevención de psicopatologías a lo largo de la vida. En edades adultas también sería importante la identificación de qué rol juega el apego en la calidad de vida asociada al autismo. El papel del apego seguro como una fuente potencial de resiliencia está bien documentado y relacionado con la capacidad de ajuste del individuo cuando experimenta sucesos adversos. Sin embargo, pese a la gran cantidad de estudios que se han realizado, poniendo de manifiesto la gran valía del apego para sortear dificultades en el ámbito psicopatológico, en el autismo sigue siendo una etapa bastante inexplorada.

Una de las principales características de las personas con TEA es su dificultad para establecer y mantener relaciones con los demás. Conductas como la falta de reciprocidad, utilización anómala del contacto visual, restricción en la comunicación no verbal y una marcada incapacidad para establecer relaciones por parte de las personas con TEA han llevado a considerar este como uno de los síntomas nucleares que recoge la sintomatología del TEA. La falta de exploración de las relaciones que desarrollan estas personas puede hacer que se pierdan diferentes experiencias subjetivas y conocimientos importantes sobre los TEA. La conducta de apego en esta población puede verse alterada por una mayor tasa de trastornos del apego, entre otros factores. En este trabajo realizamos una revisión de las características conductuales de las personas con TEA y de recursos de afrontamiento que utilizan a la hora de afrontar diferentes situaciones de su vida cotidiana, a través del apego con sus diferentes personas de referencia. Analizamos en profundidad los diferentes elementos que recoge la bibliografía con respecto al apego en personas con diagnóstico de TEA, con el fin de poder acercarnos a su dinámica de funcionamiento y de relación. También realizamos una serie de propuestas ante futuros estudios que apuesten por analizar en mayor profundidad este tipo de relaciones, con el fin de poder aportar recursos y pautas de actuación específicas para que en el ámbito clínico y educativo se puedan desarrollar diferentes habilidades que se reflejen en la relación con las personas con diagnóstico de TEA y en la consecución de un mejor desarrollo en las diferentes áreas de su vida diaria.

 

Deja un comentario

I'm Emily

Welcome to Nook, my cozy corner of the internet dedicated to all things homemade and delightful. Here, I invite you to join me on a journey of creativity, craftsmanship, and all things handmade with a touch of love. Let's get crafty!

Descubre más desde AbrahamRos y autismo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo